Dinero a cambio de orgasmos,
te quieros sonando vacíos,
sonrisas torcidas que te apuñalan,
orificios de balas en la moral,
me quieren para sus filas,
y se olvidan, que algunas mentes
por ellos no están esculpidas,
y se creen que todo esto durará
para toda la vida, que los estúpidos
les seguirán siempre a donde les digan,
Y es que tienen los ojos vendados,
chapados, cerrados con candados, dos
veces se tropieza con la misma piedra,
luego se cae el telón y comienza la obra,
y sé de sobra que los actores
serán abucheados, y que el público
tomará la escena muy enfadado.
Ellos cierran los párpados, esperando
ser fusilados, y desde ese día,
todos se fueron calmando, la verdad
y la justicia fueron vislumbrando.
Y mientras tanto vivo a mi ritmo,
sobre un vinilo que va girando
sin banda sonora, sin aplausos,
sin gente que me vaya recompensando,
pensando mi siguiente paso,
viendo el color de unos ojos
en el fondo del vaso, y es que ya
paso, me gritaban desde lo alto del
cielo, vive y se tú el que de el palo,
enraso, la espuma de la cerveza en el vaso,
y al final de la noche mezclo,
el sabor amargo del café con el del wishky
en una taza que tuvo mejores recuerdos,
y que me dejó mejor sabor de boca en
otros tiempos.
Son versos negros, líneas oscuras,
párrafos que entierran raíces de locura,
que cuando yo muera quedarán para
el recuerdo incierto, y esto es
lo que me mata, que no vaya a quedar nadie
que diga que este tío lo valía,
frases desde el último hueco del alma salían,
cuando aún mantenía la cabeza
sobre los hombros, cuando no aún no volaba
con alas de tristeza, cuando aún estaba
cosida al cuello con besos cariñosos
como puntos de sutura, que aún supuran
lágrimas de rabia por haber sido rotos
por una vida real más turbia,
tu vida aún habita una utopía,
besos sabor a fresa, cartas de amor jurado
sobre la mesa, y me pesa, que alguna vez
jodan la ilusión con el cuchillo de una
falsa promesa, yo eso ni lo imaginaría
cuando iba con ella de la mano al parque,
cuando para beberme un cartón de vino
me escondía de la policía,
cuando me preguntaban la lección
y mentía diciendo que ya me la sabía,
cuando las dedicatorias en las hojas
de atrás del cuaderno eran los únicos
galones que valían, y mira que me lo decían todos,
manten la cabeza sobre los hombros,
y yo ignoraba que la verdad llevaba
alas de socorro, de tristeza, y de añoro.