Quien quiera que me quiera,
que me quiera libre, que me quiera
sin cadenas, y si me quieres para tí
átame a tu melena, tenme contra la arena,
quiéreme libre pero sé mi condena,
y chica, déjame que me beba la miel
de tus ojos, déjame perderme en las
comisuras de tu boca, déjame beber
de la saliva de tus labios.
Son cuarenta besos hacia la felicidad,
cuarenta besos que te tengo que dar,
cuarenta caricias, y llegaré a soñar.
Que se pasa mejor, sentado contigo
al sol, fumando y bebiendo, sintiéndome
mejor, al cielo implorando, que nos
besemos bajo su techo, que nos
encienda la luz de las estrellas,
acariciar tus pómulos bajo ellas,
marcar la línea de tu cuerpo con
los dedos, sentir el calor de tu
cuello, y refugiarme en ello,
salir de la puta rutina que
me ahoga cada día, como ahoga
la noche a la luz del día,
salir de la calle, meterme en
tu cama, y follarnos, ser
cada uno dueño del otro, mordernos,
besarnos como locos, nosotros somos,
el aceite sobre el agua, calentarnos
y explotar, sobre una barra, o sobre
una mesa de billar, quizá sea buena idea,
o no lo sea, pero quien no arriesga no gana,
y no me da la gana perder la
oportunidad de tenerte a dos centímetros,
de mi pecho, de mis ojos, de mi boca,
y se desboca, como un caballo del oeste,
el corazon de este, que busca desesperado
el grial de cualquier enamorado,
la chica diez, la chica que se que
es capaz de hacerme temer, la chica dura
de corazón de gelatina, que con un mimo
tiembla y mira, y me dice 'quédate, mirame,
besame, y deja de lado todo lo demás' eres
la musa perdida de cualquier poeta,
eres la chica de la que te enamoras en
un sueño, y cuando despiertas, intentas
recordar con empeño su cara, buscas en
tus recuerdos, buscas en la calle,
buscas en tu vida y observas cada detalle,
y al final te das cuenta, que ella ha estado
siempre a tu lado, y eso,
eso ya se te había olvidado.
Marx
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